¿Quieres conocer cómo se forma la nieve? ¿Pueden ser dos copos de nieve exactamente iguales?

Aún recuerdo la primera vez que vi nevar. No estoy hablando de aguanieve o de ver caer un simple copo de nieve, estoy hablando de nevar. Fue mágico, como en las películas. Una de las cosas que me llamó la atención fue el silencio que sentí al ver caer la nieve. 

Soy de Valencia, una ciudad cálida situada cerca del mar mediterráneo. Mi madre siempre me recuerda que el día que nací nevó, cosa bastante extraña en una ciudad costera. No fue hasta que estuve viviendo una temporada en Alemania cuando vi por primera nevar. Fue en Jena, una ciudad preciosa cerca de Weimar. 

Seguramente habrás escuchado que es imposible que dos copos de nieve sean exactamente iguales. La verdad es que posible es, pero es muy improbable. En la inmensidad del universo es posible que existan dos copos de nieve exactamente iguales, pero es bastante improbable ya que son muchos factores los que influyen en la formación de una de estas obras maestras.

Para entender el proceso de formación de la nieve en primer lugar debemos entender qué es una nube. Aunque a primera vista las nubes parecen ser estar formadas por gas. La realidad es que están formadas por pequeñísimas gotas de agua y de hielo que se mantienen en suspensión gracias a la energía liberada por el proceso de condensación. 

Como sabrás la formación de las nubes comienza con la evaporación del agua en la superficie. Cuando este vapor de agua llega a grandes altitudes por consecuencia del cambio drástico de la temperatura, se condensa alrededor de diminutas partículas. Éstas pueden provenir de erupciones volcánicas, polen o incluso ser bacterias. Sí, has escuchado bien, bacterias. Así que, la próxima vez que mires a una nube piensa que hay vida dentro de ellas. 

Todo empieza con estas partículas congeladas. Éstas, atraen a moléculas de agua que se congelan también y empieza así a generarse un pequeño cristal hexagonal. A las esquinas de este cristal puede adherirse más agua  generando así seis ramas o brazos. Hay diversidad de formas dependiendo de la temperatura. Tienen forma de aguja y columnas, son planas, hexagonales o en forma de estrella. 

El primero en compartir con el mundo la belleza de estas formaciones con sus fotografías fue Wilson A. Bentley. Le parecía una lastima que esta belleza no pudiera ser disfrutada por el resto. Cada cristal era una obra maestra única. Es lo que se considera arte efímero. Una vez derretida se perdía está belleza, así que unió una cámara y un microscopio y en los días de invierno junto con una pluma situaba un sencillo copo de nieve en el objetivo del microscopio para capturar su belleza.  

A partir de ahora, cada vez que veas nevar, respira y piensa en la belleza de cada uno de esos cristales únicos. Obras maestras cayendo del cielo y haciendo de ese instante un momento único e irrepetible. 

A continuación te adjunto el audio de la lectura. Pudes escucharla tantas veces como desees. Espero que te ayude a mejorar tu pronunciación.

 

Sergio Cubas. 

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Sergio Cubas

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